
Carta para un escritor con hambre
Un año para trabajar de verdad en la novela
que llevas tiempo queriendo escribir.
No como alumno de un curso de escritura, sino como escritor que está escribiendo y que, cuando la novela se complica, tiene a alguien al otro lado.
HOLA.
A lo mejor llevas meses, años o hasta décadas diciéndote que algún día vas a escribir una novela. Y puede que tengas una historia dándote vueltas por la cabeza, un personaje que vuelve de vez en cuando, una infancia que todavía no has terminado de entender, o un archivo en el ordenador cuyo nombre lleva ya demasiado tiempo recordándote una promesa que todavía no has cumplido.
Yo conozco bien ese sitio, porque también estuve ahí. Tenía veinticinco años, trabajaba de camarero, había estudiado solo hasta séptimo de EGB y estaba pasando una crisis personal bastante gorda cuando me encerré en mi habitación y me puse a escribir. No sabía cómo se escribía una novela, no tenía editorial, no tenía formación literaria y, para qué te voy a engañar, tampoco tenía un plan muy currado. Tenía una herida que me dolía y necesitaba sacarla.
Después vinieron los años de leer, los intentos que acabaron en la papelera, los fallos, el aprender a base de darme contra la pared, una primera novela que tardé quince años en terminar, los rechazos de catorce editoriales y, muchos años más tarde, con cincuenta y cinco, el paro y la vuelta al pueblo donde nací. Desde allí, en los últimos meses, he empezado a escribir una novela por entregas y a cobrar directamente a quien quiere leerla.
Ahora llevo más de veinte años escribiendo, tengo cuatro novelas terminadas y estoy con la quinta, El escritor del Barrio Morisco que sueña El Puerto, que publico por entregas mientras la sigo escribiendo semana a semana.
Te cuento todo esto porque el programa no sale de haberme pasado años estudiando cómo se enseña a escribir una novela desde fuera, sino de haberme pasado muchos años intentando escribirlas desde dentro, equivocándome, aprendiendo y descubriendo qué cosas me han servido de verdad para seguir adelante.
NO TE FALTA INFORMACIÓN
Cuando a alguien le entran ganas de escribir una novela, suele pensar que el problema es que todavía no sabe lo suficiente, y entonces se pone a acumular cosas: libros sobre escritura, cursos, entrevistas, vídeos, artículos sobre estructura, personajes, diálogos, puntos de vista y finales, hasta que llega un día en que sabe explicar de maravilla cómo debería funcionar una novela que todavía no ha escrito.
Puede pasar. Y puede pasar durante años.
Por eso este programa no está montado alrededor de la pregunta «¿qué más te puedo enseñar sobre escribir?», sino alrededor de otra que me parece bastante más importante: «¿qué necesitas para escribir durante el tiempo suficiente como para que tu novela pueda crecer, cambiar, meter la pata y acabar convirtiéndose por fin en una novela?».
Ahí está la diferencia.
1. EL PRIMER CAMBIO: DE DESEAR UNA NOVELA A TOMARSE EN SERIO
Hay un momento en el que escribir una novela deja de ser una fantasía bonita y se convierte en una decisión, y ese momento no tiene por qué coincidir con saber escribir bien, tener una idea brillante o haberte leído todos los libros que, según dicen, debería haberse leído un escritor.
Coincide con algo más sencillo: empiezas a verte a ti mismo como la persona que la va a escribir.
No necesitas que una editorial te ponga el sello de escritor, ni terminar una novela para darte permiso a ti mismo, ni esperar a que alguien con autoridad te diga que ya estás preparado, porque si te pones a esperar todas esas confirmaciones te puedes pasar la vida entera esperando.
Yo lo entendí bastante pronto, aunque todavía no supiera ponerle nombre. Primero me reconocí. Después aprendí.
Y esa diferencia importa, y mucho, porque quien dice «quiero ser escritor» todavía puede ir dejándolo para más adelante, mientras que quien empieza a decir «soy escritor» se enfrenta a una pregunta bastante más incómoda: «muy bien, ¿y qué escribe hoy el escritor que soy?».
UNA IDENTIDAD NO ES UN DISFRAZ
Por eso me interesa tanto eso de los alter egos de algunos artistas, no como una colección de anécdotas curiosas, sino como una forma de entender que a veces hace falta ponerle un nombre concreto a la persona que queremos ser para empezar a actuar desde ahí.
Eminem tuvo a Slim Shady, Beyoncé a Sasha Fierce y Kobe Bryant a Black Mamba; yo nací como Rogelio Díaz Brea y elegí Roger Brea como mi nombre de escritor.
No se trata de hacer como si fueras otra persona, sino de dejar de vivir tu escritura como algo que a lo mejor algún día harás, y empezar a tomar decisiones desde la identidad que has elegido.
Un niño puede decir «soy astronauta» sin haber pisado nunca una nave, una niña puede decir «soy artista» antes de haber vendido una sola obra, y a nadie se le ocurre pedirles un diploma para dejarles jugar desde ahí.
Con el escritor pasa algo parecido.
Primero ocupas el sitio. Las pruebas llegan después.
2. EL SEGUNDO CAMBIO: DEJAR DE NEGOCIAR CADA DÍA
Reconocerte escritor te puede cambiar la cabeza, pero por sí solo no garantiza que mañana te sientes delante del ordenador, y ahí aparece uno de los problemas más corrientes de cualquier proyecto largo: puedes desearlo muchísimo y, aun así, encontrar una excusa que te convence del todo para no ponerte a escribir hoy.
No estoy inspirado.
Hoy no tengo tiempo.
Mañana escribo más.
Tengo que pensar mejor la historia.
Primero voy a leerme algo sobre estructura.
Y así, casi sin darte cuenta, la novela se te convierte en una negociación permanente contigo mismo.
El problema no es que seas un vago ni que te falte pasión; el problema es que has dejado abierta todos los días una decisión que ya debería estar tomada.
Por eso en el programa existe el pacto.
No como castigo, ni como prueba de sufrimiento, ni para que Roger esté vigilando si has cumplido, sino como una regla que te permita dejar de preguntarte cada día si hoy toca escribir, y empezar a usar esa energía en la única pregunta que importa cuando estás delante de la página: qué vas a escribir.
En la Carta vas a conocer cómo funciona el pacto de las 100 palabras, sus reglas, sus límites y sus consecuencias, porque una cosa es decir «tienes que ser constante» y otra muy distinta darte una forma concreta de serlo.
EL PACTO NO ES LA NOVELA
Y aquí conviene separar dos cosas que se mezclan a menudo: mantenerte escribiendo y saber qué hacer con lo que estás escribiendo.
El pacto te puede ayudar a no tirar la toalla por no escribir.
Pero no te puede decir qué hacer cuando llevas cien páginas y te das cuenta de que la historia se ha metido en un callejón sin salida.
Tampoco puede decidir si ese personaje tiene que quedarse, desaparecer, cambiar o convertirse en otra cosa, ni puede mirar una escena contigo y ayudarte a entender por qué no funciona.
Para eso hace falta otra cosa.
3. CUANDO LA NOVELA EMPIEZA A DARTE PROBLEMAS
Porque escribir una novela no consiste solo en sentarte y soltar palabras, igual que conducir no consiste solo en mover el coche hacia delante: en algún momento te sale una curva que no esperabas, una carretera cortada, una dirección que deja de tener sentido y una decisión que alguien tiene que tomar.
Ahí es donde entra el acompañamiento.
No para escribir por ti, ni para corregirte cada página, ni para convertirte en alumno de un profesor que te dice lo que está bien y lo que está mal, sino para que, cuando la novela te plantee uno de esos problemas que forman parte del oficio, se lo puedas contar a alguien que lleva muchos años escribiendo y recibir una respuesta pensada para lo que tienes delante.
Puede ser una escena. Un personaje. Una estructura. Un cambio de rumbo. Una duda que ni siquiera sabes cómo plantear.
Tú me cuentas qué te está pasando, yo lo leo, pienso contigo y te contesto en persona; después la decisión vuelve a ser tuya, porque la novela tiene que seguir siendo tuya.
Eso es importante.
No quiero enseñarte a escribir mi novela. Quiero ayudarte a resolver la tuya.
4. Y AQUÍ APARECE EL VERDADERO VALOR DEL PROGRAMA
La Carta por sí sola puede darte un punto de partida con mucha fuerza, porque te puede ayudar a reconocerte escritor, fijar tu compromiso con la escritura y ponerte delante de una historia que ya llevas dentro, pero hay una diferencia importante entre entender esas ideas y tener durante un año a alguien al otro lado cuando el trabajo de verdad empieza a complicarse.
Porque el problema de una novela no suele aparecer cuando estás leyendo sobre novelas.
Aparece cuando la estás escribiendo.
Y aparece de una forma muy concreta.
El personaje que parecía estupendo deja de funcionar. La escena que llevabas semanas imaginando te resulta un rollo cuando por fin la escribes. Dos capítulos tiran cada uno para un lado distinto.
El principio te gusta, pero ya no sabes qué hacer con el medio. Has escrito mucho y, de repente, sospechas que está todo mal.
Ese es el momento para el que existe el acompañamiento.
5. POR QUÉ EL ACOMPAÑAMIENTO ES POR CORREO ELECTRÓNICO
No necesitas otra plataforma más; necesitas que alguien lea lo que estás haciendo y pueda pensar contigo cuando te salga un problema concreto.
Por eso he elegido el correo electrónico.
No quiero meterte en una plataforma llena de vídeos que vas acumulando mientras tu novela sigue esperando, ni quiero darte una clase cada semana solo porque el calendario diga que esta semana toca hablar de personajes, ni quiero convertir tu año de escritura en doce meses de tragar contenido.
Quiero que las preguntas las ponga tu novela.
Tú escribes. Cuando algo se complica, me escribes.
El correo tiene además una ventaja que para mí es fundamental: la conversación queda escrita. Me cuentas con calma lo que estás intentando hacer, yo me lo leo antes de contestarte y tú puedes volver más adelante a lo que hablamos, porque la respuesta de una videollamada se esfuma en cuanto cuelgas, mientras que una conversación escrita se convierte en una pequeña memoria del propio proceso de tu novela.
Y hay otra razón: el email respeta el ritmo real de escribir una novela.
Va a haber semanas en las que no tengas ninguna duda y no necesites escribirme, y va a haber una tarde en la que lleves dos horas mirando una escena y necesites hablar de ella. No quiero obligarte a meterte en una clase porque toca, quiero estar disponible para la clase que te está dando tu propia novela.
El acompañamiento no consiste en darte más contenido.
Consiste en estar ahí cuando el contenido ya no te vale.
6. LO QUE VAS A HACER DURANTE EL AÑO
Vas a escribir.
Parece una respuesta demasiado simple, pero esa es justo la idea del programa: que durante doce meses lo principal no sea estudiar cómo se escribe una novela, sino trabajar sobre una novela concreta que existe y que es tuya.
La Carta te pone delante del principio. El pacto te ayuda a sostener la decisión. El acompañamiento aparece cuando el trabajo se complica.
Y mientras haces todo eso, puedes leer mi novela por entregas, El escritor del Barrio Morisco que sueña El Puerto, una novela que también se está escribiendo delante de sus lectores, semana a semana, para que veas desde dentro que una novela no nace terminada ni cae del cielo con todas sus decisiones ya resueltas.
Tú escribes la tuya.
Yo sigo escribiendo la mía.
7. NO ES UN CURSO DE ESCRITURA
Esto también lo quiero dejar claro, porque probablemente ya has visto suficientes cursos como para saber cómo funcionan: no vas a recibir cuarenta lecciones, doce módulos, vídeos interminables, tareas semanales y una plataforma que al principio parece enorme y tres meses después se convierte en una pestaña que ya ni recuerdas por qué guardaste.
No hay una montaña de teoría esperando a que te la subas antes de empezar.
Hay una novela.
La tuya.
Y hay un año para trabajar sobre ella.
Eso no quiere decir que no vayas a aprender. Al contrario: vas a aprender precisamente porque vas a estar escribiendo y porque cada problema que te salga te va a obligar a tomar una decisión, probar algo, equivocarte, entender por qué no funciona y volver a intentarlo.
Uno no aprende a escribir antes de escribir.
Aprende mientras escribe.
8. LO QUE RECIBES
El programa incluye la Carta para un escritor con hambre, donde encontrarás el punto de partida y el desarrollo completo de los tres pilares; incluye el pacto de las 100 palabras con sus reglas concretas para que puedas utilizarlo durante tu proceso; incluye un año de acompañamiento personal por correo electrónico, con hasta 4 consultas al mes y respuesta en menos de 48 horas, y el acceso como bonus a las entregas de mi novela por entregas.
Si algún mes necesitas más de 4 consultas, puedes pedir alguna extra: la 5ª cuesta 30 €, la 6ª 40 €, la 7ª 50 € y la 8ª 60 €, que es el tope por alumno y mes.
No hay clases semanales.
No hay plataforma.
No hay obligación de tragarte contenido.
No tienes que demostrarme que has escrito.
La novela es tuya.
El trabajo también.
9. UN AÑO NO ES UNA PROMESA DE RESULTADO
No te voy a decir que en doce meses vas a terminar tu novela, porque no conozco la novela que vas a escribir, ni tu ritmo, ni tu disponibilidad, ni los problemas que te van a salir por el camino, y prefiero que compres este programa sabiendo bien qué te puedo ofrecer y qué depende de ti.
Lo que sí te puedo ofrecer es un año entero en el que te vas a dedicar en serio a escribirla, con un sistema para mantenerte cerca de la página y con alguien al otro lado cuando necesites mirar un problema de escritura desde otro ángulo.
Puede que la termines.
Puede que necesites más tiempo (ese tiempo extra se puede contratar por meses, a 45 € al mes, o por trimestres, a 120 € el trimestre).
Puede incluso que descubras por el camino que la novela que creías que ibas a escribir no era exactamente la que necesitabas escribir.
Pero no va a ser un año pensando en ella.
Va a ser un año trabajando sobre ella.
Y esa diferencia es enorme.
10. CUÁNTO CUESTA
Los primeros 10 que entren pagan 297 €. El programa acaba de arrancar, y cuanta más gente tenga, menos tiempo le voy a poder dedicar a cada uno, así que a partir del alumno número 11 el precio sube a 497 €.
Si entras en esas primeras 10 plazas, puedes pagar los 297 € de golpe, en 3 plazos de 109 € al mes (327 € en total), o en 12 plazos de 29 € al mes (348 € en total).
Si entras a partir de la plaza 11, puedes pagar los 497 € de golpe, en 6 plazos de 99 € al mes (594 € en total), o en 12 plazos de 49 € al mes (588 € en total).
Pagar a plazos no cambia nada del programa ni alarga el acompañamiento: el programa dura un año igualmente. Lo único que cambia es cómo lo pagas.
No quiero liarte con una oferta financiera rara. Quiero que elijas la forma que mejor te venga y que el dinero de entrada no sea la excusa para seguir dejando la novela para otro momento.
297 € de golpe, o 497 € si ya se han cubierto las primeras 10 plazas.
3 o 6 plazos, según te toque.
12 plazos, en los dos casos.
Tú eliges cómo pagarlo.
El año de trabajo es el mismo.
11. CARTA O PROGRAMA
Hay dos formas de trabajar conmigo y las dos tienen sentido por sí mismas.
La Carta para un escritor con hambre cuesta 39 € y está pensada para quien quiere enfrentarse a algo fundamental: dejar de darle vueltas a la novela que quiere escribir y ponerse delante de ella de otra manera, con una idea clara de quién es, un compromiso con la escritura y una forma concreta de sacar la novela de la cabeza y llevarla al papel.
No es una introducción al programa.
No es un aperitivo.
Es una Carta.
La lees, haces el trabajo que propone y te quedas con un sistema que te puedes llevar para escribir tu novela por tu cuenta.
El programa de 297 € parte de otra situación.
No quieres solo saber cómo empezar.
Quieres dedicarle un año a tu novela y tener a alguien al otro lado durante ese proceso, alguien que pueda leer lo que estás haciendo, acompañarte cuando te salga un problema real de escritura y contestarte en persona cuando no sepas muy bien por dónde seguir.
La Carta te da una forma de trabajar.
El programa le añade algo que la Carta, por su propia naturaleza, no te puede dar: compañía durante el camino.
Por eso no tienes que elegir pensando que una opción es mejor que la otra.
La pregunta es otra:
¿Quieres escribir tu novela por tu cuenta con el sistema de la Carta, o quieres dedicarle un año teniendo a alguien al otro lado cuando lo necesites?
Las dos opciones te pueden llevar a escribir.
La diferencia está en cómo quieres hacerlo.
Escribo para una sola editorial: mis lectores.
Roger Brea
Escritor por entregas