CARTA PARA UN ESCRITOR CON HAMBRE

CARTA PARA UN ESCRITOR CON HAMBRE

 

Un año para escribir tu propia novela empieza aquí.

 

UN RETRATO LITERARIO

 

Soy escritor desde hace más de 20 años y he escrito 4 novelas (Chifladura, Autobiografía, Pandemia y Blues del señorito Gregorio) y cuentos...

 

Actualmente escribo la novela de thriller romántico por entregas El escritor del Barrio Morisco que sueña El Puerto. En mi camino he aprendido muchas cosas que me apasiona compartir contigo. Así es cómo empezó todo...

 

MI PRIMER CONTACTO CON LA LITERATURA

 

A la edad de 25 años viví una crisis personal que puso en mi cabeza pensamientos de suicidio y de un día para otro encerrándome en mi habitación me puse en la aventura de escribir mi clandestino dolor. Fue mi primer contacto con la literatura. Yo era camarero en un restaurante. Yo apenas había completado la educación básica. Pero yo ahora sin saber cómo quería plasmar en el papel aquello que me hacía sufrir: quería escribir mi desgracia por la misma razón y derecho que un perro herido se lame sus heridas. No había estudiado nada pero yo me haría escritor para contar al mundo mi dolor intentando así exorcizarlo. Fueron largos años de procurar aprender el oficio...

 

vastas lecturas para tratar de absorber la savia de cuantiosos escritores: Cervantes, Valle Inclán, Gómez de la Serna, Kafka, García Márquez, Dostoyevski, Vargas Llosa, Milán Kundera... Leía, sí, me atiborré de clásicos y contemporáneos hasta que la literatura se apoderó de mí.

 

Ahora sí que me sentía escritor a pesar de haber pasado más de una década y la novela de mi crisis no aparecía por ningún lado: había tirado varios intentos a la papelera... Por fin, a la edad de 40 años concluí la novela que tanto se me había resistido: Monomanía.

 

Esta novela durmió en un cajón algunos años para después publicarla con el título Chifladura. Se trata de una autoficción de humor que esconde la tragedia de un joven desesperado. Unos años después en la segunda parte (Juventud) de mi novela Autobiografía ya tuve ocasión mediante técnicas y estrategias literarias más oportunas de objetivar la sufrida crisis: ya no me interesaba tanto el expresar el dolor como expresarme yo o expresar mi arte... Pero aquí Milán Kundera ya hacía un par de años que me había descubierto en su libro de ensayos El arte de la novela a Gombrowicz! ¡Cómo, Gombrowicz? Sí, había aparecido en mi vida el gran escritor polaco Witold Gombrowicz: Mi maestro.

 

Es decir, en mi juventud y durante suficientes años los grandes escritores anteriormente mencionados me habían dejado fascinado con la habilidad literaria mostrada en sus novelas y cuentos. Pero ahora ya entrado en mi madurez de pronto caía en mis manos la obra de Gombrowicz que leí íntegra con entusiasmo. Este escritor vino a mí lleno de una originalidad y un espíritu juvenil que me colmaba. Traía en sus entrañas a Montaigne y a Rabelais. Absorbí su filosofía y técnica literaria releyéndole. De él pasé a sus dos maestros disfrutándolos tanto como a él. Pero era curioso:

 

Yo había hecho mi debut literario con una autoficción de humor espontánea: *Monomanía. Más tarde descubrí a Gombrowicz: maestro de la autoficción de humor, ¿casualidad?...

 

Después de este capital descubrimiento continué aprendiendo de otro gran escritor de la novela de humor: Bohumil Hrabal, mi segundo maestro (que traía en su sangre al gran Jaroslav Hásek autor de la novela universal Las aventuras del buen soldado Svejk, novela en la que me inspiré para escribir mi novela de humor de la horca Las aventuras de Pere Poll y Tomeu Gat durante la Pandemia a Eivissa: años después cambié este título por solo Pandemia).

 

Finalmente, a partir de esta trayectoria literaria (mis lecturas y mi escritura) se me ocurre el proyecto de un newsletter liEl escritor del Barrio Morisc terario en la que doy por entregas semanales mi novela en curso El escritor del Barrio Morisco que sueña El Puerto, y también enseño a escribir su propia novela a aspirantes a escritor o a escritores en las etapas iniciales de su carrera. ---

 

LA META

 

La meta es sencilla de decir y difícil de cumplir:

 

escribir tu propia novela. No hablar de escribirla.

 

No prepararte eternamente para escribirla. No esperar a saberlo todo.

 

Escribirla. Y para conseguirlo no necesitas solamente una meta.

 

Necesitas un sistema. En esta Carta no vamos a quedarnos en saber que existe ese sistema.

 

Vamos a ponerlo en práctica. ---

 

EL SISTEMA

 

IDENTIDAD → PACTO → ESCRITURA, Estas tres palabras no son el contenido.

 

Son el orden. Primero vas a reconocerte escritor.

 

Después vas a convertir esa decisión en un pacto. Y finalmente vas a sentarte a escribir.

 

Aquí está el cómo. ---

 

1. RECONOCERSE ESCRITOR

 

Puedes esperar a que alguien te dé permiso. Una editorial.

 

Un profesor. Un premio.

 

Un lector. Puedes esperar incluso a terminar una novela para considerarte escritor.

 

Yo no lo hice. A los veinticinco años no sabía escribir una novela, pero ya había decidido que quería ser escritor y me puse a escribir.

 

No porque supiera hacerlo. Precisamente porque no sabía.

 

Aquí entra el alter ego. David Bowie creó a Ziggy Stardust.

 

Beyoncé creó a Sasha Fierce. Kobe Bryant convirtió a Black Mamba en una identidad desde la que competir.

 

Y yo tengo a Roger Brea. Mi nombre real es Rogelio Díaz Brea.

 

Roger Brea es mi nombre de escritor. No necesitas inventarte un personaje que no se parezca a ti.

 

Lo que necesitas es darle una forma reconocible a la persona que va a escribir. Puede ser tu propio nombre.

 

Puede ser un nombre literario. Puede ser una identidad que solo tú conozcas.

 

Lo importante es que cuando te sientes a escribir sepas quién se está sentando. No el que quiere escribir.

 

No el que algún día escribirá. El escritor.

 

Y ahora vas a hacerlo. ---

 

EJERCICIO 1 — CREA A TU ESCRITOR

 

Coge una hoja. Escribe arriba:

 

SOY ESCRITOR. Debajo, escribe el nombre con el que vas a escribir.

 

Si quieres usar tu nombre, úsalo. Si quieres crear un nombre de escritor, créalo.

 

Después escribe unas líneas sobre esa persona:

 

¿Quién es? ¿Desde dónde escribe?

 

¿Qué quiere contar? ¿Qué no está dispuesto a seguir esperando?

 

¿Qué significa para ti decir «soy escritor»? No intentes escribir una biografía perfecta.

 

No estás creando una marca. Estás reconociendo una identidad.

 

Cuando termines, lee en voz alta:

 

«Soy escritor.», No añadas «algún día».

 

No añadas «cuando aprenda». No añadas «si me publican».

 

Soy escritor. Ese es el punto de partida.

 

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2. EL PACTO DE LAS 100 PALABRAS

 

Ahora viene la parte que convierte la identidad en una práctica. Porque puedes reconocerte escritor y no escribir.

 

Por eso vas a hacer un pacto. El Pacto de las 100 palabras tiene una regla sencilla:

 

cada día escribes un mínimo de 100 palabras y un máximo de 1.000. No necesitas escribir más.

 

Si un día tienes ganas y tiempo, puedes llegar a 1.000. Si un día estás cansado, puedes escribir 100.

 

Pero no bajas de 100. El objetivo no es producir una cantidad enorme.

 

El objetivo es que el escritor aparezca todos los días. Y el pacto tiene otra regla:

 

puedes fallar tres veces. Tres.

 

No necesitas ser perfecto. La vida existe.

 

Hay días que se complican. Pero al cuarto fallo, el pacto se rompe.

 

No hay castigo externo. No voy a llamarte.

 

No voy a perseguirte. No hay una aplicación que te quite puntos.

 

Lo sabes tú. Y eso basta.

 

Porque si dices que eres escritor y haces un pacto contigo mismo, también tienes que saber qué significa romperlo. El pacto no está diseñado para castigarte.

 

Está diseñado para que no te engañes. Uno no es escritor si no escribe.

 

Pero si escribe sí es escritor. Y aquí el pacto convierte esa frase en algo concreto.

 

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EJERCICIO 2 — FIRMA TU PACTO

 

Escribe:

 

MI PACTO, Debajo:

 

Escribiré un mínimo de 100 palabras y un máximo de 1.000 cada día. Después escribe:

 

Tengo tres fallos. Y debajo:

 

Al cuarto fallo, mi pacto queda roto. Ahora pon la fecha en la que empiezas.

 

Firma. No me lo envíes.

 

No necesitas demostrármelo. Es tu pacto.

 

A partir de mañana, o desde hoy mismo si todavía tienes tiempo, empieza a cumplirlo. Y hay una cosa importante:

 

no utilices el pacto para escribir durante meses ejercicios sobre escribir. El pacto es para la novela.

 

Para tus páginas. Para tu historia.

 

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3. ESCRIBIR

 

Ya tienes una identidad. Ya tienes un pacto.

 

Ahora falta lo más sencillo y lo más difícil:

 

escribir. Y aquí quiero que partamos de una idea:

 

la historia que necesitas ya la tienes. No necesitas buscarla en una montaña.

 

No necesitas inventarte una infancia que no has tenido. No necesitas convertirte en aventurero para tener material.

 

Mira hacia atrás. Piensa en las tres situaciones más fuertes de tu vida.

 

No las tres más interesantes para una editorial. Las tres que más te hayan hecho sufrir, sentirte en peligro, sentirte inseguro, perdido, humillado, enamorado, obsesionado o completamente fuera de lugar.

 

Escríbelas. Tres.

 

Ahora míralas. Hay una que te toca más por dentro.

 

Ahí está bien definido cuál te toca más por dentro. Esa es la que vas a utilizar.

 

Y ahora viene el trabajo. No vas a quedarte pensando en ella.

 

Vas a escribirla. ---

 

EJERCICIO 3 — ESCRIBE

 

PRIMERA VERSIÓN

 

Escribe el principio de una novela a partir de esa situación. 1.000 palabras.

 

En primera persona singular. Yo.

 

No intentes hacerlo perfecto. Escribe.

 

Cuando termines, no corrijas esa versión para convertirla en definitiva. Déjala.

 

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SEGUNDA VERSIÓN

 

Ahora vuelve a la misma situación. Pero no copies la primera versión.

 

Escribe otra. También de 1.000 palabras.

 

Esta vez en segunda persona singular. Tú.

 

No transformes mecánicamente «yo» en «tú». Vuelve a escribir la escena desde otra posición.

 

La historia es la misma. La voz ya no.

 

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TERCERA VERSIÓN

 

Ahora vuelve otra vez. Tampoco copies las dos anteriores.

 

Escribe una tercera versión de 1.000 palabras. Esta vez en tercera persona singular.

 

Él. O ella.

 

Mira la escena desde fuera. No estás haciendo tres redacciones.

 

Estás descubriendo qué distancia necesita esa historia para convertirse en novela. ---

 

ELIGE

 

Ahora tienes tres comienzos. Léelos.

 

No elijas el que parezca más correcto. Elige el que te dé más ganas de continuar.

 

El que tenga más vida. El que te haga pensar:

 

quiero saber qué pasa después. Ese es el que se queda.

 

Los otros dos van a la papelera. Y quiero que hagas algo físico con ellos.

 

Rompe las páginas. Tíralas.

 

No porque sean malas. Sino porque ya han cumplido su función.

 

Te han llevado hasta el comienzo que quieres continuar. ---

 

Y AHORA, CONTINÚA

 

Aquí empieza la novela de verdad. No vuelvas a hacer el ejercicio mañana.

 

No vuelvas a buscar otra historia. No vuelvas a empezar desde cero.

 

Continúa desde el comienzo que has elegido. Escribe un mínimo de 100 palabras.

 

Y puedes llegar hasta 1.000. Después vuelve al pacto.

 

La novela no se escribe en una tarde. Se escribe volviendo.

 

Una página. Después otra.

 

Y otra. ---

 

LO QUE HAS HECHO

 

Has hecho tres cosas. Te has reconocido escritor.

 

Has firmado un pacto. Y has empezado una novela desde una experiencia que ya estaba dentro de ti.

 

Ese es el sistema. IDENTIDAD → PACTO → ESCRITURA

 

No necesitas complicarlo más para empezar. Ahora toca escribir.

 

Y mientras escribes, aprenderás. Aprenderás qué haces bien.

 

Qué haces mal. Dónde se atasca tu novela.

 

Qué personajes aparecen. Qué escenas funcionan.

 

Qué historia estabas intentando contar sin saberlo todavía. Pero todo eso ocurre después.

 

Primero hay que poner palabras en la página. Escribes porque eres escritor.

 

Y mientras escribes, aprendes a escribir.